Reseña de Las gratitudes de Delphine de Vigan

Reseña de Las gratitudes de Delphine de Vigan

Las gratitudes, de Delphine de Vigan, es una novela breve que gira en torno a Michka, una mujer mayor que empieza a perder el lenguaje a causa de una afasia. A su alrededor aparecen dos figuras clave: Marie, una joven a la que Michka cuidó en el pasado, y Jérôme, el logopeda que la acompaña en esta etapa de deterioro.

Es un libro que se lee con facilidad, con una escritura sencilla, limpia y muy emotiva. De hecho, parte de su éxito reciente parece tener que ver con esa capacidad de conectar con temas universales: la vejez, la pérdida, la familia, el perdón, los cuidados y el miedo a la soledad.

Tras leer un sinfín de buenas críticas hacia esta novela, decidí darle una oportunidad, y quizá ahí estuvo, para mí, una de las claves de la lectura: iba con las expectativas muy altas. Había leído tantas buenas reseñas, tantas opiniones que hablaban de una historia profundamente conmovedora, que esperaba encontrar una novela que me atravesase mucho más. Y aunque me gustó, aunque reconozco su belleza y su sensibilidad, también sentí que me faltó algo, cierta profundidad en algunos aspectos que se pasan muy por encima en la novela, y que me hubiera gustado que se desarrollaran más.

Uno de los aspectos más interesantes es la afasia de Michka. La pérdida progresiva de las palabras no funciona solo como un síntoma, sino también como una metáfora: todo aquello que no dijimos, todo lo que dejamos para más adelante, todo lo que quizá ya no podremos expresar. En ese sentido, el libro plantea una reflexión muy bonita: ¿por qué esperamos tanto para agradecer?, ¿por qué damos por hecho que siempre habrá tiempo para decir lo importante? Las gratitudes no pretende ser una obra dura ni excesivamente analítica, sino una historia breve, íntima y luminosa sobre la necesidad de reconocer lo que otros hicieron por nosotros.

Desde una mirada sanitaria y humana, me parece especialmente valioso que el libro ponga el foco en el acompañamiento. Jérôme, como logopeda, no aparece como alguien que va a “curar” a Michka, sino como alguien que la escucha, la sostiene y la ayuda a conservar su dignidad mientras todavía puede comunicarse.

Quizá no fue para mí la lectura impactante que esperaba, pero sí una novela bonita y necesaria. Una historia que nos recuerda que cuidar también es estar, escuchar, visitar, sostener y no dejar sola a una persona cuando empieza a perder capacidades. También nos recuerda que la gratitud no debería quedarse en pensamiento: hay que decirla, expresarla, convertirla en presencia.

Las gratitudes me gustó, pero no me deslumbró. La recomendaría, sobre todo, a quienes busquen una lectura breve, sensible y amable sobre la vejez, los cuidados y los vínculos. A veces un libro no tiene que cambiarte la vida para dejarte una pequeña reflexión. Y esta novela, al menos, deja una importante: no esperemos a perder las palabras para decir gracias.

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